Charles
se encontraba en la cocina, que lucía muy moderna y estaba compuesta por una
enorme isla que conectaba y servía de comedor también. Hella se sentó en uno de
los bancos. Al percatarse de su presencia Charles se dio la vuelta y la
enfrentó con una de sus encantadoras sonrisas.
— ¿Mejor? — Le dijo con
una voz suave y apaciguada.
— Mejor — Simplemente
respondió Hella, y le devolvió la sonrisa, un poco más leve y contenida.
— Que bueno
¿Té?
— Por favor.
Charles
buscó en los cajones dos tasas y procedió a servir el té, además acercó unos sándwiches
y se los ofreció a Hella. Esta tomó uno y le dio las gracias. Ambos
permanecieron unos pocos minutos en un silencio incómodo que Charles rompió
repentinamente.
— Creí que se
marcharía junto a su compañera, la señorita Williams — Le
dijo observándola de soslayo.
Hella
dudó de su respuesta.
— Sí, bueno,
ella tenía un compromiso, con su prometido, no quise retrasarlos así que decidí
alejarme un poco del bullicio y todo el movimiento para buscar un taxi, pero la
lluvia me lo impidió, además mis zapatos no ayudaron mucho.
— ¿Está
descalza?
— Ehh, sí.
— Que tonto,
buscaré algo para que proteja sus pies, no debe andar descalza por allí, no
queremos que pesque un resfriado.
— Señor Manners — Hella le tomó
del brazo antes de que éste pudiera levantarse — Por
favor termine primero su té y su cena, tengo mis pies posados en los apoyos del
banco.
Charles,
dubitativo, hizo ademán de sentarse y continuó con su cena.
— ¿Está segura
Hella? De verdad no hay problema en que vaya un momento.
— Estoy
perfectamente señor Manners, ya siento un poco de calor gracias a la ropa seca
y el té — Charles se
sentó tomando de nuevo el emparedado.
— ¿Y disfrutó
de la velada ésta noche? Me refiero a con todo y su asignación.
— El concierto
estuvo increíble, muy bello performance.
— Sí, es
cierto, fue un éxito ¿Gusta de la música académica Hella?
— Bastante,
aunque mi oído es inexperto y no soy precisamente una autoridad en el tema
obviamente, pero la tía Harriet solía llevarme a la ópera y conciertos, es muy
relajante y la ópera es una experiencia sin igual, la disfruto enormemente — de pronto
Hella notó la forma en que Charles la miraba, ensimismado, pero de una manera
intensa, así que bajo la mirada a su taza de té y calló. Charles pareció
reaccionar ante la evidente incomodidad de Hella y agregó:
— ¿De veras?
Qué bien, yo también me he visto fascinado — Sonrió
de forma franca y cálida — Parece usted cansada, porque no vamos a la sala y descansamos un rato en el
sofá ¿Le apetece? — Hella no pudo
negarse pues se sentía exhausta.
Ambos se dirigieron a la sala contigua, Charles sin embargo continuó hasta la habitación. Hella se sentó, y se recostó casi en posición fetal, sentía que el frío afloraba en sus pies. Al salir Charles se percató de su incomodidad, acomodó unas pantuflas debajo del sofá, se sentó un poco alejado de Hella, tomó sus pies de repente, ella levantó el rostro, ya que estaba hecha un ovillo, su rostro metido entre los pliegues de las mangas del albornoz para adormilarse, justo cuando Charles llegó. Le tomó por sorpresa la reacción de él y el hecho de que tomara sus pies, los sostuviera encima de su regazo y comenzara a frotarlos. Sintió un enorme placer ante la fricción de sus manos en sus pies, así que por eso no los alejó de él. Recostó de nuevo su cabeza a un lado del sofá. Charles sólo frotaba sus pies, mientras la observaba adormilarse. Era una sensación extraña, necesitaba confortarla, cuidarla. De modo que se acercó más a ella, cuidando de colocar sus pies a lo largo del sofá, cuando estuvo a su lado comenzó a acariciar su pelo, pasó uno de sus brazos por detrás de Hella, a la atura de su cabeza mientras con su mano libre despejó el cabello de su rostro, se recostó, su cara justo frente a la de ella. Hella apenas pudo advertir los movimientos de Charles, se sentía muy aturdida y cansada, apenas abrió los ojos y encontró los de él justo al frente, muy cerca, tan increíble y seductoramente azules. Charles la observaba tiernamente, y finalmente no pudo contenerse más, acercó sus labios a los de ella y comenzó a besarla, primero en una de sus comisuras, luego en la otra. Hella cerró sus ojos y se estremeció ante el contacto con sus labios, Charles no se detuvo allí, comenzó a besar su cuello, luego bajó por la mandíbula hasta llegar al lóbulo de oreja, fue dejando un rastro de tiernos y suaves besos. De pronto Hella emitió un leve quejido de placer, esto sólo logro que Charles enardeciera más en su deseo, así que se dirigió de nuevo a su boca y comenzó a besarla intensamente, hasta que Hella abrió su boca y la recorrió con su lengua, incitándola más y más, hasta que el beso se volvió más apasionado y Charles terminó acunándola contra el sofá mientras que se posicionaba encima de ella, la besaba con más intensidad, recorriendo nuevamente su cuello y bajando hasta el esternón, tocando su cuerpo por entero con sus manos, sus muslos, su trasero, recorrió su pierna hasta llegar a sus braguitas, las froto con fuerza, y luego comenzó a bajarlas y a posicionar su miembro entre su sexo, frotándose en ella, en medio de su constante excitación. En ese instante Hella lo apartó y lo empujó a un lado, observándolo totalmente asustada y desorientada, su pecho bajando y subiendo sin control. Charles se levantó, Hella lo escuchó propinar algunas maldiciones a sí mismo, se tapó el rostro con las manos y se frotó el cabello, lucía extraviado y apenado, compungido realmente.

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